lunes, octubre 01, 2007

El poder de Google

Hace unos días me acordaba, no por primera vez, de unos amigos que tuve hace tiempo. Amigos que, por razones que no vienen al caso, perdí hace tiempo. Y pensé "a ver qué saca Google" y busqué sus nombres. Es sorprendente pero encontré resultados de los mas sorprendentes. Datos que incluso debieran ser mas protegidos.

A veces es preocupante el "poder" de Google. Al menos mis intenciones son honorables.

Al grano. Encontré un texto que creo que está escrito por este amigo mío. Lo leí y me emocionó su profundidad y por lo que me toca de cerca, de lejos. Está perdido en la inmensidad del ciberespacio y, sinceramente, se le hace poca justicia.

Asi que, por poco que sea el público que este blog personal tiene, lo reproduzco por los méritos que no son míos y hago honor de este descubrimiento al autor del mismo:

Descubrimiento



Los descubrimientos se realizan en el umbral del agotamiento, del cansancio más deprimente, de la mentira y del sabor a vinagre. Descubrimos ese nuevo elemento y corremos apresurados a comunicarlo a la los demás, orgullosos y bendecidos por el misterioso santo de la felicidad. Aburrimos a propios y extraños con los detalles de la bendita casualidad de nuestro fortuito encuentro con la verdad, sonreimos orgullosos de nuestra propia sapiencia, y porqué no decirlo, suerte.Y flirteamos con la belleza de lo eterno. Después llega la etapa de indagar sobre este descubrimiento, entender su funcionamiento y descubrir todos sus mecanismos y recovecos. Analizamos, experimentamos, sopesamos, comparamos, en resumen, lo sometemos todo a una medida cruel y desesperada, en nuestro afán por demostrar que somos los únicos, inimitables y perfectos descubridores. Perdemos la noción del tiempo y del espacio. No comemos, ni dormimos, y si dormimos, lo hacemos con un ojo abierto y con nuestro sobrecargado cerebro machacando ideas y conceptos relacionados con nuestra ignota maravilla, tan complejos como irracionales. Soñamos con nuestro descubrimiento, nos atamos a él íntimamente. Acabamos obsesionados con él. Hasta que un día, sin avisar, nuestro descubrimiento nos es robado. Alguien mejor, más inteligente, poderoso. Alguien que tiene algo que nosotros no tenemos aunque nunca lo reconozcamos. Así que luchamos con todas nuestras fuerzas por mantener la patente. Por seguir disfrutando de la investigación pura y simple, por seguir enajenados en la ciencia. Fracasamos. Y nuestro corazón busca otro descubrimiento. Uno para toda la vida, si es posible.

David

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